Oh! bella diosa Fortuna
Para Nicolás Maquiavelo (1469-1527) –el padre de los
estudios políticos modernos– uno de los conceptos centrales del arte del
gobierno es la fortuna. Con el correr de los tiempos, el racionalismo, el
positivismo y la soberbia científica marginaron la idea de fortuna. Los
ilustrados, esos ingenuos, creen en la verdad única, la sabiduría de lo natural
y lo humano y el dominio de la tierra y de los hombres. No se habla más de
fortuna, azar, casualidad, pero no por ello han dejado de existir.
El 2 de octubre se nos convocó a los colombianos a aquello
que se solía llamar un certamen o justa electoral, es decir, a un concurso o
competencia; puede ser un duelo también, según la Real Academia de la Lengua.
La disputa electoral fue de lo más extraño. Los resultados sorprendieron a los
espectadores, los protagonistas y los jefes (aun esperamos explicaciones de las
encuestadoras). Los que ganaron no querían ganar, los que perdieron querían
pero no pudieron. Y, gran irresponsabilidad, ninguno tenía plan b; la diosa
fortuna les hizo una travesura y por eso estamos en un momento de máxima
incertidumbre y riesgo.
Dijo Maquiavelo que el estadista, el gran hombre, es el que
es capaz de dominar la fortuna. Ahora que la fortuna hizo su movimiento
quedamos en manos de príncipes. La manera en que actúen el Presidente, el jefe
de la oposición y el secretariado de las Farc definirá parte importante de la
suerte del país en los próximos. Nadie podrá lavarse las manos. Y como en todos
los momentos políticos decisivos, la voluntad jugará un papel fundamental. No
hay fuerzas extrañas ni cuestiones irresolubles. El país depende su voluntad;
es como entiendo el editorial de The New York Times(“The Man Blocking Peace in
Colombia”, 14.10.16). Ellos, en diversos grados –y creo que más Uribe– pueden
quedar para la historia como estadistas o como saboteadores.
Mientras tanto, la ciudadanía, las organizaciones de la
llamada sociedad civil –incluyendo a los empresarios– tenemos una función
parecida a la del coro griego. En el mejor de los casos tendremos voz, una voz
fragmentada y débil, que se puede canalizar mejor si les hacemos exigencias
claras a los voceros políticos. Por ello firmé una petición a los financiadores
del No para que les exijan mesura y responsabilidad a los voceros de la campaña
que apoyaron.
Es inevitable sentir impotencia. Como esperando que dicte su
veredicto la pequeña rueda de la fortuna, la ruleta. En 1979, Bruce Springsteen
–a quien también le deberían dar un Nobel– escribió una canción con ese título.
“Dijeron que solo querían hacerme unas preguntas [¿sí o no?]
pero creo que tenían otros planes…
Creo que esos tipos solo quieren seguir jugando
ruleta con mi vida… están jugando con mi vida
jugando ruleta con mis hijos y mi esposa”.
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